Sentado sobre el borde del camino
exhausto de vagar sin rumbo fijo,
le pide compasión a un crucifijo
con pasos ya cansados del destino
Su desgastada fe ha titubeado
ante una sociedad indiferente
que finge ser bondad entre la gente
y sin piedad la espalda ha volteado
Sus barbas por tristezas enlazadas
ocultan los temores del olvido
y heridas por desprecios alcanzadas
Y ropas maltratadas por el tiempo,
y un rostro que se pierde entre lamentos
son pruebas de su vuelo a contratiempo.
Beatriz Vielman
Visanz
©



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