Llegué tarde a tu encuentro, bienamado,
aunque, brillantes nubes me dejaste
por sendas de jardines que plantaste,
tu luz de girasol se ha apagado.
El viento inerte sopla claudicado
por el sutil recuerdo que sellaste,
y el canto de gorriones que acunaste
hoy muere en un sendero desolado.
Llegué tarde a tu encuentro, vida mía,
perdida en los linderos de tus pasos
no pude aventajarme a tu agonía;
Ni al tiempo escabullido entre tus brazos,
ni al aire que oscilaba poesía,
tan sólo a la bondad de tus ocasos.
Beatríz Vielman S.
Alondra de Guatemala ©
Soneto dedicado con amor a mi maestro litetario Lic. Alfonso Jerez Q.E.P.D.
talentoso maestro chileno que me enseñó el arte, el amor y el respeto a los linderos sonetistas.



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